Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!»
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!»
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
Nada, nada queda de mi después de este amor. Después de esta vida contigo.
Sabes, estoy harta. Harta de la gente que dice que ya pasará, que es solo uno más, que esto es solo el principio, que ya te acostumbrarás, que no es para tanto. Que llegará otro y se pasaran todas estas tonterías. Que no mereces estar mal, que todo pasa por una razón, bla bla bla.
No les creo y eso me cabrea. No me creo todos los consejos de "al mal tiempo buena cara" o "el tiempo todo lo cura". Mentira. El tiempo no cura nada ni pone cada cosa en su lugar, somos nosotros mismos los que lo hacemos, porque acabamos viendo que no podemos vivir así.
El tiempo pasa, las personas también. Tus recuerdos se desvanecen, pero él sigue allí. Nunca se irá de ese rincón de tu mente que se enciende casa vez que pasas por ese parque. Cada vez que escuchas esa maldita canción que tanto te gusta. Cada vez que ves ese objeto. Y no puedes evitarlo, ahí estuvo, está y estará. Pasen días, meses, años. Su recuerdo permanecerá.
Y todo el mundo tiene ese recuerdo, el recuerdo de el o ella. Bailando, paseando, trabajando, cocinando...tantos recuerdos que vives como si fueran ayer. Tantas noches en vela queriendo revivirlos. Tantas lágrimas derramadas por querer y no poder, intentar y fallar. Todos esos consejos que te han dado y que ahora das que sabes que no sirven para nada, que el tiempo, cuando tu has querido de verdad, no pasa. Se hace eterno.
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